por Clínica Esfera | 13 Abr 2026 | Neuropsicología, Psicología
La conducta agresiva infantil es una de las mayores problemáticas a la que se enfrentan padres y profesores hoy día. En consulta, a menudo observamos niños que muestran comportamientos agresivos, que actúan manipulando a las personas de su entorno o que desafían a las figuras de autoridad con una marcada rebeldía.
Son muchos los padres que acuden a nosotros con la misma demanda: ¿¡Qué podemos hacer para parar esto!? Y es que las rabietas y pataletas dejan de ser las propias que se pueden dar de manera acorde al desarrollo del niño, para acabar convirtiéndose en conductas completamente inadaptadas que, en muchas ocasiones, sobrepasan a los progenitores y el hogar acaba convirtiéndose en un lugar hostil para toda la familia.
Un pronóstico adecuado y a tiempo mejora e incluso elimina una conducta anómala que puede llegar a predecir otras patologías psicológicas en la edad adulta. Un comportamiento infantil excesivamente agresivo puede derivar, si no se trata de forma adecuada, en fracaso escolar y conductas con rasgos antisociales en la adolescencia y la edad adulta, ya que principalmente son niños con dificultades para relacionarse y adaptarse a su propio entorno.
¿Qué es la agresividad infantil?
La agresividad es un daño provocado a una persona, animal u objeto. La conducta es intencionada y puede originar un daño físico o psicológico. Los niños suelen manifestar la agresividad de forma directa (insultos, palabrotas, patadas…); aunque también encontramos otras formas de manifestación más indirectas, en las que el niño ocasiona daños a objetos de la persona que percibe como fuente de conflicto, así como una agresividad que se expresa de manera “contenida”, mediante gestos, movimientos y expresiones faciales de frustración.
Normalmente, cuando un niño manifiesta una conducta agresiva es a modo de respuesta ante algo que percibe como aversivo o conflictivo. Dichos conflictos suelen ser resultado de:
- Problemas de relación con otros niños, que ocurren porque el niño no ve satisfechos sus deseos.
- Problemas con adultos, cuando no quieren cumplir las órdenes o límites impuestos.
- Castigos o consecuencias negativas fijados por no haberse comportado adecuadamente.
Cualquiera de estos comportamientos generan en el niño sentimientos de frustración, la cual, mal gestionada, facilitará la reacción inadaptada. Dicha forma de reaccionar va a depender de su aprendizaje y experiencia previa. Los niños aprenden fácilmente a comportarse de forma agresiva porque imitan a figuras de referencia (padres, amigos, compañeros, etc.). Este proceso se conoce como modelamiento. Padres que emplean la violencia física o verbal, se convierten para sus hijos en modelos de conductas agresivas; de esta forma, los niños interiorizan un repertorio conductual caracterizado por la tendencia a responder de forma agresiva ante situaciones conflictivas.
En este proceso de modelamiento los niños no sólo reciben información de patrones de conducta agresiva, sino que también aprenden las consecuencias que dichas conductas pueden acarrear. Si las consecuencias son agradables, porque el niño consigue lo que quiere, la conducta tendrá una mayor probabilidad de ocurrir en el futuro. Por ejemplo; si un niño grita y patalea porque los padres apuntan que es la hora de apagar la televisión y éstos acaban cediendo a la demanda del menor con el fin de eliminar ese comportamiento y que se tranquilice, lo que estaremos enseñando al niño es a gritar y patalear para conseguir aquello que quiere.
Factores de riesgo en la conducta agresiva
Uno de los entornos que más influencia tiene sobre la aparición de la conducta agresiva en niños es el familiar. Dentro del contexto familiar, además de los modelos y refuerzos existentes, va a ser de crucial importancia el estilo educativo y el tipo de disciplina que los padres ejerzan en el hogar. Se ha demostrado que tanto padres poco implicados, como aquellos con actitudes hostiles que constantemente desaprueban al hijo, fomentan el comportamiento agresivo en el menor.
Otro factor familiar muy influyente hace referencia a la incongruencia manifestada por parte de los progenitores. Dicha incongruencia puede expresarse de distintas formas:
- Castigando la conducta inadaptada del niño con su propia agresividad.
- Cuando una misma conducta es, a veces castigada y, otras veces ignorada.
- Cuando no hay acuerdo entre los progenitores antes las reacciones del niño, por lo que se le lanzan mensajes contradictorios y muy confusos que no hacen más que intensificar la sensación de descontrol.
- Relaciones deterioradas y teñidas de conductas agresivas entre los padres.
Cabe mencionar también que otros factores que pueden influir en la agresividad infantil, son aquellos de naturaleza orgánica (malnutrición, alteraciones hormonales, mecanismos cerebrales alterados y otros problemas de salud específicos) así como un déficit en habilidades sociales y una baja inteligencia emocional.
En el tratamiento de la conducta agresiva del niño es esencial implicar también a los padres y a aquellos adultos que forman parte del entorno más cercano del niño, ya que debemos incidir en dicho ambiente para llevar a cabo la modificación de conducta. Aunque el principal objetivo es reducir o eliminar la conducta agresiva en aquellos ambientes y situaciones en las que se produzca, es necesario que para esto el niño aprenda conductas alternativas a la agresión.
En Clínica Esfera el tratamiento perseguirá siempre dos objetivos: por un lado, la eliminación de la conducta agresiva y, por otro, la adquisición del aprendizaje de la conducta asertiva. Son diversos los procedimientos y técnicas que empleamos; su utilización dependerá de los resultados de la evaluación realizada así de como cada caso concreto, ya que desde nuestro gabinete, la asistencia personalizada siempre es un plus.
Para cualquier información, no dudes en contactar con nosotros.
por Clínica Esfera | 23 Oct 2025 | Psicología
Seguramente hayas tenido conocimiento del reciente fallecimiento de Sandra, la niña sevillana que no pudo soportar más el acoso que estaba recibiendo en su colegio y que decidió poner fin a su sufrimiento. Lo que está ocurriendo en algunos colegios al respecto del acoso escolar es muy alarmante. Es cierto que, por desgracia, es un mal endémico del que no puede escapar ningún centro escolar, pero lo que realmente marca la diferencia es cómo dicho centro escolar afronta la existencia del bullying en sus aulas.
Como todos los años, acuden varios chicos a nuestra consulta con problemas emocionales derivados de conductas de acoso por parte de sus “compañeros”. Eso es una tónica general. Y da igual si se trata de un colegio privado, público o concertado, si es un colegio rural o de ciudad, si estamos en la etapa de primaria o en la de secundaria. Sin embargo, lo que está ocurriendo en los últimos tiempos, es el hecho de que el afrontamiento por parte de algunos centros está siendo, cuando menos, deficiente. Es cierto que en otros se hace conforme a lo exigido, pero no deberíamos de tener que especificar este punto ya que todos deberían de seguir las mismas instrucciones.
Aquí en Andalucía existe un protocolo que claramente indica cómo proceder ante un posible caso de acoso. Es decir, que no tiene que confirmarse el caso de acoso para empezar a ponerlo en marcha, sino que cuando haya la más mínima sospecha de la existencia de un acoso ya se tiene que poner en funcionamiento. En resumen viene a tener las siguientes partes:
- Obligación de comunicar la sospecha de acoso al equipo directivo
- Reunión del equipo directivo con los tutores y el equipo de orientación quedando registro escrito de la misma
- Información del inicio del protocolo al Servicio provincial de Inspección de Educación
- Adopción de medidas de urgencia para proteger a la persona agredida
- Traslado a las familias de la información (con cautela) sobre la situación y las medidas adoptadas
- Traslado por parte del director al resto de profesionales que atienden al alumn@ acosad@, con la confidencialidad y protección a la intimidad necesaria, de la información de la situación del menor.
- Recogida de información de diferentes fuentes sobre la situación de posible acoso
- Elaboración por parte del director del centro de un informe con los datos recabados, una vez contrastada la información de las diferentes fuentes
- Adopción, por parte del director, de la corrección de conductas contrarias a la convivencia o de medidas disciplinarias al alumnado agresor implicado.
- Traslado de la información del informe y/o de las medidas adoptadas, a la comisión de convivencia del centro.
- Envío del informe al Servicio Provincial de Inspección de Educación
- Definición de medidas y actuaciones por parte del Equipo directivo y del Equipo de orientación, que sean de aplicación tanto en el centro como en el aula o con el alumnado en conflicto.
- Comunicación a las familias del alumnado implicado de las medidas y actuaciones tanto de carácter individual como grupal, con la debida confidencialidad.
- Seguimiento de dichas medidas y actuaciones por parte del Inspector/a de zona.
Para más información se puede revisar el documento completo en la siguiente dirección: https://www.juntadeandalucia.es/educacion/portals/web/convivenciaescolar/protocolos-de-actuacion-en-casos-de-acoso
Creemos que es muy importante que las familias estén informadas al respecto para que sepan cuáles son sus derechos y los hagan cumplir por parte de todas las instancias implicadas y que no volvamos a tener que recibir una noticia como la de la semana pasada. Que ninguna familia más tenga que pasar por lo que está pasando la familia de Sandra.
Aunque se habla mucho de acoso, aún hoy a los niños les cuesta comunicar que están siendo acosados porque les da vergüenza encontrarse en esa situación o simplemente creen que se terminará pronto
Es muy importante mantener una estrecha comunicación con los niños y adolescentes y generar un clima de comodidad y apoyo para que éstos puedan contaros sus inquietudes. No obstante, algunos chicos prefieren mantener silencio porque no quieren preocupar a sus familias. Si detectáis en casa un cambio de comportamiento en vuestros hijos y éstos no os han dicho nada, preguntadles qué tal les va en el colegio, con sus amigos, etc. Hacedles saber que estáis ahí para cualquier cosa que necesiten y que no les vais a juzgar.
por Clínica Esfera | 27 Mar 2025 | Neuropsicología, Psicología, Psicopedagogía
La doble excepcionalidad es algo que ocurre con más frecuencia de lo que mucha gente piensa. Consiste en tener una alta capacidad y, a la vez, otro tipo de neurodivergencia o trastorno que pueda limitar a la persona, como un TDAH, una dislexia, discalculia, TOC, TEA, etc.
Cuando ambas características confluyen en una persona se produce un fenómeno de compensación entre ambas condiciones que hacen que sea más difícil su identificación y evaluación. A nivel observacional hay características que a quien observa le pueden recordar a una alta capacidad, pero que al ver otras que indican déficits, si no se tiene mucha experiencia, le pueden hacer pensar que no es una alta capacidad. Y éste mismo observador también puede ver que esa persona presenta comportamientos típicos de un TDAH por ejemplo, pero no es tan “movido” como otros o no se dispersa tanto y puede pensar que no tiene TDAH cuando lo que está ocurriendo es una compensación entre ambas condiciones.
A nivel cuantitativo, también ocurre algo parecido, aunque ya nos hayamos puesto manos a la obra con una evaluación neuropsicológica, ya que estamos acostumbrados a utilizar las medias como forma de saber si algo se escapa de la “normalidad” (entendiendo esta palabra desde el punto de vista estadístico).
El problema es que cuando hablamos de Alta capacidad intelectual, nos vamos a encontrar con perfiles que suelen estar por encima de la media en diferentes medidas. Hay personas que tienen un perfil de sobredotación donde vamos a encontrar puntuaciones por encima del Centil 75 en todas las áreas, pero habrá otras personas que tengan un perfil más propio de talentos donde sus puntuaciones pueden destacar mucho en algunas áreas pero no en otras.
Los superdotados tienden a tener perfiles bastante homogéneos y como he dicho antes, en niveles elevados, mientras que en los talentos encontraremos perfiles con altibajos.
Dentro de éste último grupo, a veces se encuentran las dobles excepcionalidades, ya que las limitaciones que conllevan esas otras neurodivergencias hacen que las puntuaciones en esas áreas donde hay dificultades, sean más bajas y no alcancen el Centil 75. Sin embargo, en muchas ocasiones, aunque las puntuaciones no lleguen a ese centil, se encuentran dentro de las medias.
Por este motivo, nos encontramos que muchos orientadores, evaluadores y profesionales de la salud, descartan una, varias o incluso todas las neurodivergencias de algunas personas, alegando que o bien sus puntuaciones no llegan al punto necesario para ser una alta capacidad o que la memoria de trabajo (por ejemplo) está dentro de la media cuando su perfil está claramente por encima en el resto de las funciones cognitivas. En estos casos, la persona, en el mejor de los casos se va con un diagnóstico sólo, o en el peor le dicen que todo está dentro de la media y que no “tiene” nada.
Para nosotros y para las familias con las que trabajamos, es muy duro cuando esto ocurre y no se reconocen los perfiles específicos de algunos niños ya que esto les impide acceder a los recursos necesarios para que su desarrollo se de en condiciones óptimas.
A un niño con una doble excepcionalidad no reconocida, se le puede negar el derecho a un programa de refuerzo para aquellas funciones cognitivas que tiene por debajo de su perfil y por tanto tener que hacer un esfuerzo extra que no tienen que hacer sus compañeros de clase normotípicos o incluso sus compañeros de clase con su mismo trastorno sin una alta capacidad acompañante. Y eso, al final, lo que hace es que un alumno que podría alcanzar un alto potencial se quede dentro de la media y no se desarrolle todo lo que podría. E incluso, como vemos constantemente, empiece a desarrollar alteraciones emocionales derivadas de una falta de comprensión de su funcionamiento, que podrían evitarse con una adecuada identificación.
Por todo esto es importante la actualización constante de los profesionales que estamos implicados en la salud mental o en el trabajo con población infanto – juvenil. Son personas vulnerables que dependen de nuestro buen hacer.
por Clínica Esfera | 4 Nov 2024 | Neuropsicología, Psicología, Psicopedagogía
Seguramente la respuesta a esta pregunta sea muy diferente según a quien se la hagamos. Y esto se debe principalmente al desconocimiento que aún hay de éste área y a la cantidad de mitos que la rodean. Si le preguntamos a quienes creen que tener altas capacidades es algo así como ser un genio en absolutamente todo lo que haces, seguramente responderán que no es necesario porque o bien ya está claro que las tienen o bien no hay necesidad porque al ser tan “listos” no necesitan nada. Pero nada más lejos de la realidad.
En Clínica Esfera llevamos ya muchos años trabajando en este campo, lo cual hace que sepamos identificarlas incluso en personas que acuden a nuestro centro por otros motivos. De hecho a muchos les sorprende que les preguntemos si nunca les han hablado de la posibilidad de que ellos o sus hijos pudieran tener altas capacidades. Y la pregunta que siempre nos hacen es ¿Pero es necesario evaluarlo? Y ¿Para qué le puede servir? Así que vamos a intentar dar respuesta a estas inquietudes.
En primer lugar hay que desterrar el mito de que una persona con alta capacidad es una especie de genio. Esto no siempre es así y, de hecho, normalmente no lo es. Tener una alta capacidad es tener una facilidad para el procesamiento de la información de una o más áreas. Pero esto es solo una potencialidad, es decir, una posibilidad. Para que esa potencialidad se convierta en un talento hay que estimularla.
Así, en primer lugar, debemos de identificar esas potencialidades, porque si no sabemos que existen no podremos estimularlas y como dice Javier Touron, “el talento que no se cultiva se pierde”.
Por otro lado, muchos de los niños de altas capacidades, van aprendiendo determinados conceptos de una forma más prematura que sus coetáneos y eso implica que cuando los profesores están explicando algo al resto de los alumnos, ellos desconectan porque se aburren ya que dichos conocimientos ya los tienen adquiridos. Ese aburrimiento se va convirtiendo en desmotivación y muchos llegan a tener fracaso escolar, no por falta de capacidad, sino por desidia. De nuevo, talento que se desperdicia por no haber identificado las necesidades de estos alumnos a tiempo.
Sin embargo, no todo tiene que ver con el ámbito académico. Las personas con altas capacidades suelen tener lo que se llama hipersensibilidad, es decir, un registro y procesamiento de los estímulos a mayor velocidad que el resto. Así encontramos personas que no soportan los ruidos fuertes, las luces intensas, determinadas texturas y por tanto determinados alimentos, que no soportan tocar algunos materiales y les dan una “dentera” exagerada a los ojos de los demás, etc. Es importante que sepamos que no son exageraciones de esas personas sino que la intensidad con la que sienten eso es demasiado elevada y necesitan evitar esa estimulación. De este modo nos ahorraremos etiquetas innecesarias o incluso forzar a los niños a experimentar dichas sensaciones creyendo que son “tonterías”.
Y esto mismo ocurre también a nivel emocional y moral. Sienten las emociones de forma intensa y a menudo les es complicado regularlas de forma adecuada. Y ven la injusticia con más claridad que sus compañeros, familiares y amigos y sufren cuando ocurre y no pueden hacer nada.
En definitiva, y contrariamente a lo que se podría pensar cuando realmente no se conocen las altas capacidades, no es algo cargado de facilidades sino que es una condición más compleja que conlleva, en muchos casos, fracaso escolar, dificultades de relación con los demás, inseguridad y baja autoestima, ansiedad y problemas de regulación emocional e incluso crisis existenciales en la adultez.
¿Aún crees que no tiene sentido saber si tú o tus hijos tenéis altas capacidades?
por Clínica Esfera | 20 Mar 2024 | Psicopedagogía
Hoy en día es habitual que tanto los adultos como los niños tengamos acceso a diferentes dispositivos electrónicos y que nuestra forma de comunicarnos haya variado. El auge de las aplicaciones de mensajería instantánea (whatssap, telegram…), redes sociales (instagram, facebook, tik-tok, twiter…) ha provocado un gran cambio en la forma de comportarnos y comunicarnos. Y no sólo se ha producido el cambio a nivel de comunicación, sino también a nivel educativo y como herramientas de información. Hoy en día si preguntamos tanto a niños/as y adolescentes qué les gustaría ser de mayores, una de las respuestas más frecuentes es “youtuber” o “streamer”, “influencer”…
Durante la pandemia vivida por Covid-19, el uso de esta forma de comunicación aumentó exponencialmente, además del tiempo que le dedicábamos. En muchas ocasiones, superados por la situación, dejábamos a nuestros hijos e hijas “abusar” de estos dispositivos.
Tras la vuelta a la “nueva normalidad”, se han sucedido situaciones, muchas de ellas acababan en conflicto, en las que las familias referían de sus hijos los siguientes comportamientos: “sólo quiere estar jugando”, “se pasa horas y horas viendo vídeos”, “tenemos una bronca enorme cuando le quito el móvil”, “se aburre si no está delante de una pantalla”, “se pasa horas con el móvil y no sé que está haciendo ni con quién está hablando”.
¿Qué es lo que ha ocurrido?
Catherine Lècuyer, investigadora y divulgadora educativa, en la charla Antes de los dos años, cero pantallas concedida en el espacio BBVA aprendemos juntos, indica que los dispositivos electrónicos “son altamente adictivos, porque introducen al niño en un círculo de recompensa a través de la producción de la hormona de la dopamina”. Pero tienen efectos, “las principales asociaciones pediátricas, asocian la exposición a la pantalla en edades tempranas con adicciones, inatención, disminución en el vocabulario, impulsividad… entre otras cosas”. “No existe ningún estudio que recomiende la introducción de las nuevas tecnologías en la infancia”.
Las recomendaciones de la Academia Americanade Pediatría son claras:
- Antes de los 2 años prohibido el uso de las pantallas
- De los 2 a los 5 años menos de 1h con contenidos adecuados a la edad de los niños.
- A partir de los 6 años establecer limites de tiempo bien definidos.
¿Cómo pueden los padres enfrentarse a estas situaciones?, ¿cómo hacer un buen uso?. Os dejamos algunos consejos:
- Es importante crear un clima de confianza en el que podamos hablar con ellos sobre el uso de Internet, de las redes sociales, precauciones que tienen que tener (información que comparten,…), conocer cuales son los juegos que les interesan, a que youtubers siguen,…
- Los adultos somos el principal ejemplo ante nuestros hijos e hijas. Tenemos que hacer un uso responsable de las nuevas tecnologías. No podemos querer que nuestros hijos no nos demanden a todas horas el móvil, la consola,… si lo que observan a diario es que sus padres no se desprenden por ejemplo del móvil ni un segundo cuando están en las comidas o haciendo una actividad con ellos… Tienen que ver que nuestro tiempo de uso es normal y que aprovechamos el tiempo libre para realizar actividades de ocio de calidad, al aire libre,…
- Se darán situaciones conflictivas, que en muchas ocasiones llevaran a que nuestros hijos e hijas estén enfadados, debemos mantenernos firmes en nuestra posición cuando retiremos los dispositivos. Y ya en el momento de calma, hablar con ellos sobre lo que ha ocurrido, el motivo de retirar el dispositivo,….
- Evitar usar los dispositivos como método para calmar o “entretener” a nuestros hijos.
- Controlar el tiempo de exposición, estableciendo un uso responsable con ellos. Evita sobre todo su uso antes de irse a dormir (por lo menos 1h antes), en las horas de comidas, durante el tiempo en familia…
- Dedicar tiempo a enseñarles que los dispositivos también pueden ser herramientas educativas, que sepan como buscar información, contrastarla,…
- Hacer uso de herramientas de control parental de cara a evitar contenidos inadecuados, acceso a páginas de Internet no seguras, compras en aplicaciones,…
Os dejamos a continuación algunas páginas donde podéis obtener más información y acceder a diferentes recursos:
- https://www.is4k.es/. “Internet Segura for Kids (IS4K) es el Centro de Seguridad en Internet para menores de edad en España y tiene por objetivo la promoción del uso seguro y responsable de Internet y las nuevas tecnologías entre los niños y adolescentes2
- https://www.healthychildren.org/Spanish/media/Paginas/default.aspx#home página de la Asociación Americana de Pediatría que permite realizar “un Plan para el consumo mediático de la familia, herramienta que ayudará a las familias a pensar en sus hábitos de consumo mediático y a establecer objetivos y reglas que sean acordes con los valores de su familia”. Tiene acceso a una calculadora de tiempos para uso de medios.
- https://empantallados.com/ es una plataforma para padres que nace para ofrece información y recursos de cara a acompañar a los hijos en el mundo digital.
- https://www.pantallasamigas.net/ “nace en el año 2004 con la misión de la promoción del uso seguro y saludable de Internet y otras TIC, así como el fomento de la ciudadanía digital responsable en la infancia y la adolescencia”.