Hace algún tiempo, circulaba por Facebook la carta de un padre que explicaba lo que el ratoncito Pérez había dejado a un compañero del colegio de su hijo debajo de la almohada, al caérsele a éste dos dientes, nada menos que 100 euros, ¡¡50 euros por diente!!
¿Dónde ha quedado aquel ratoncito que nos traía las chapas, el paquete de cromos, las canicas, los yo-yos o alguna moneda para comprar chucherías en el quiosco?
A este cambio de visión de algunos padres y madres, se le une la presión social a la que nos vemos sometidos muchos padres a la hora de celebrar el cumple de nuestros hijos, incentivada por los famosos grupos de WhatsApp de los papás y mamás de clase de nuestro pequeño, donde se “cuece” todo el tema.
Y entramos en el juego, justificándolo con explicaciones del tipo… “pero cómo va a ser menos mi hijo/a”, “no quiero que se sienta diferente a los demás, “que no se sienta bicho raro”, “es que me lo está pidiendo él/ella, como le voy a decir que no, no quiero que sufra y se frustre, “quiero lo mejor para mi niño”, … así es que, entramos al trapo y al final “mi niño” como todos, tendrá piscina de bolas y toboganes, multitud de regalos, tarta, pinta caras, payasos y un suma y sigue de negocio ilimitado cumpleañero.
Hemos llegado a un punto en los últimos años en que cualquier celebración de niños/as (bautizos, cumpleaños, comunión, navidad)… se ha convertido en una montaña de regalos y castillos hinchables.
Si nos paramos a pensar un momento, vemos que nuestros hijos no nacen queriendo cosas, nacen queriéndonos simplemente a nosotros. Y somos nosotros quienes poco a poco les empujamos a ir sustituyendo esa necesidad tan natural y simple por otras muchas otras de tipo material, llegando a convertirles en seres materialistas e interesados.
Pero entonces, ¿Cómo queremos educar a nuestros pequeños? ¿Qué tipo de valores queremos inculcarles? ¿En qué tipo de personas queremos que se conviertan? Realmente negarnos a sus caprichos o a comprarles tal o cual juguete ¿les va a convertir en niños menos felices? ¿Significa eso darles lo mejor?
Al contrario de lo que se piensa, el negarse a todo lo que el niño quiera o pida y el tolerar la frustración, es uno de los aprendizajes más valioso que pueden proporcionarle unos padres a su hijo. Es muy importante que desde pequeños nos entrenemos en saber gestionarla y aprender a integrarla en nuestra vida. Educar a los pequeños a tolerar la frustración implica tener adultos que se sientan capaces, que gestionen mejor sus objetivos y que no abandonen y tiren la toalla ante el primer contratiempo.
Pero esto no es un trabajo fácil, por eso aprender a detectarla y reconducirla es vital para conseguir personas más felices.
¿Cómo podemos saber que un niño/a tiene poca tolerancia a la frustración?
Suelen ser niños/as con…
- Actitud poco flexible ante situaciones o cambios inesperados
- Son del llanto fácil,si no se ven satisfechas sus necesidades inmediatamente
- Actitud exigente e impaciente
- Tienen mayor ansiedad e impulsividad
- Actitud egocéntrica: no entienden porque no consiguen todo lo que quieren y sienten que la situación es injusta ya que no les complace.
- Les cuesta controlar las emociones
Algunos consejos para educar en tolerar la frustración de nuestros peques:
- Deja que se equivoquen: Así vivirán por sí mismos experiencias frustrantes para aprender a reconducirlas de una forma más positiva.
- El esfuerzo es necesario: Educa en la constancia. Si el niño aprende que siendo constante podrá superar mejor las dificultades, también aprenderá a controlar mejor la frustración en situaciones similares.
- Eres su modelo: Gran parte del conocimiento que van adquiriendo los niños es a través de la observación, por ello es importante que seas un buen ejemplo a la hora de afrontar situaciones difíciles con una actitud positiva.
- No le permitas todo: Debe crecer sabiendo que todo tiene un precio y si quiere algo debe luchar por ello. Aprenderá a buscar otros caminos ante las dificultades que le pondrá la vida.
- Enséñales a perder apuntándoles a un deporte: Enséñales que no siempre se gana en la vida. El deporte inculca muchos valores extra-deportivos, como saber ganar- perder, la constancia, disciplina…
- Enseña a tu hijo/a que identifique sus emociones ¿Qué sientes cuando te enfadas? Y ¿Cuando estas contento?, le permitirá ir conociéndose a sí mismo.
- No darle todo hecho: Deja que alcance sus retos por sí mismo, de manera que pueda equivocarse y aprender de sus errores.
En Clínica Esfera cuentas con un equipo de profesionales que te ayudarán en la difícil tarea de educar de la forma más correcta a los pequeños de la casa.