Aprendiendo a tolerar la frustración

Aprendiendo a tolerar la frustración

 

Hace algún tiempo, circulaba por Facebook la carta de un padre que explicaba lo que el ratoncito Pérez había dejado a un compañero del colegio de su hijo debajo de la almohada, al caérsele a éste dos dientes, nada menos que 100 euros, ¡¡50 euros por diente!!

¿Dónde ha quedado aquel ratoncito que nos traía las chapas, el paquete de cromos, las canicas, los yo-yos o alguna moneda para comprar chucherías en el quiosco?

A este cambio de visión de algunos padres y madres, se le une la presión social a la que nos vemos sometidos muchos padres a la hora de celebrar el cumple de nuestros hijos, incentivada por los famosos grupos de WhatsApp de los papás y mamás de clase de nuestro pequeño, donde se “cuece” todo el tema.

Y entramos en el juego, justificándolo con explicaciones del tipo… “pero cómo va a ser menos mi hijo/a”, “no quiero que se sienta diferente a los demás, “que no se sienta bicho raro”, “es que me lo está pidiendo él/ella, como le voy a decir que no, no quiero que sufra y se frustre, “quiero lo mejor para mi niño”, … así es que, entramos al trapo y al final “mi niño” como todos, tendrá piscina de bolas y toboganes, multitud de regalos, tarta, pinta caras, payasos y un suma y sigue de negocio ilimitado cumpleañero.

Hemos llegado a un punto en los últimos años en que cualquier celebración de niños/as (bautizos, cumpleaños, comunión, navidad)… se ha convertido en una montaña de regalos y castillos hinchables.

Si nos paramos a pensar un momento, vemos que nuestros hijos no nacen queriendo cosas, nacen queriéndonos simplemente a nosotros. Y somos nosotros quienes poco a poco les empujamos a ir sustituyendo esa necesidad tan natural y simple por otras muchas otras de tipo material, llegando a convertirles en seres materialistas e interesados.

Pero entonces, ¿Cómo queremos educar a nuestros pequeños? ¿Qué tipo de valores queremos inculcarles? ¿En qué tipo de personas queremos que se conviertan? Realmente negarnos a sus caprichos o a comprarles tal o cual juguete ¿les va a convertir en niños menos felices? ¿Significa eso darles lo mejor?

Al contrario de lo que se piensa, el negarse a todo lo que el niño quiera o pida y el tolerar la frustración, es uno de los aprendizajes más valioso que pueden proporcionarle unos padres a su hijo. Es muy importante que desde pequeños nos entrenemos en saber gestionarla y aprender a integrarla en nuestra vida. Educar a los pequeños a tolerar la frustración implica tener adultos que se sientan capaces, que gestionen mejor sus objetivos y que no abandonen y tiren la toalla ante el primer contratiempo.

Pero esto no es un trabajo fácil, por eso aprender a detectarla y reconducirla es vital para conseguir personas más felices.

¿Cómo podemos saber que un niño/a tiene poca tolerancia a la frustración?

Suelen ser niños/as con…

  • Actitud poco flexible ante situaciones o cambios inesperados
  • Son del llanto fácil,si no se ven satisfechas sus necesidades inmediatamente
  • Actitud exigente e impaciente
  • Tienen mayor ansiedad e impulsividad
  • Actitud egocéntrica: no entienden porque no consiguen todo lo que quieren y sienten que la situación es injusta ya que no les complace.
  • Les cuesta controlar las emociones

Algunos consejos para educar en tolerar la frustración de nuestros peques:

  1. Deja que se equivoquen: Así vivirán por sí mismos experiencias frustrantes para aprender a reconducirlas de una forma más positiva.
  2. El esfuerzo es necesario: Educa en la constancia. Si el niño aprende que siendo constante podrá superar mejor las dificultades, también aprenderá a controlar mejor la frustración en situaciones similares.
  3. Eres su modelo: Gran parte del conocimiento que van adquiriendo los niños es a través de la observación, por ello es importante que seas un buen ejemplo a la hora de afrontar situaciones difíciles con una actitud positiva.
  4. No le permitas todo: Debe crecer sabiendo que todo tiene un precio y si quiere algo debe luchar por ello. Aprenderá a buscar otros caminos ante las dificultades que le pondrá la vida.
  5. Enséñales a perder apuntándoles a un deporte: Enséñales que no siempre se gana en la vida. El deporte inculca muchos valores extra-deportivos, como saber ganar- perder, la constancia, disciplina…
  6. Enseña a tu hijo/a que identifique sus emociones ¿Qué sientes cuando te enfadas? Y ¿Cuando estas contento?, le permitirá ir conociéndose a sí mismo.
  7. No darle todo hecho: Deja que alcance sus retos por sí mismo, de manera que pueda equivocarse y aprender de sus errores.

En Clínica Esfera cuentas con un equipo de profesionales que te ayudarán en la difícil tarea de educar de la forma más correcta a los pequeños de la casa.

La identificación de las Altas Capacidades

La identificación de las Altas Capacidades

Hoy no venimos a traer ningún artículo científico sobre las Altas capacidades (AACC), sino a hablar de la realidad de las mismas. Una realidad que, en muchos casos se desconoce y, en otros, se omite. Por desgracia el estudio de las Altas Capacidades es relativamente reciente y, por tanto, hay mucho desconocimiento, mitos y malos entendidos entorno a dicha entidad.

Para comenzar, podemos poner sobre la mesa la realidad de los datos que existen sobre las Altas Capacidades en España. Los datos del MEC del curso 2015 – 2016 informan de que en España solamente se ha identificado el 0,29% de alumnos con AACC, cuando estadísticamente se sabe que el número de alumnos oscila entre un 2 y un 5% (según la OMS, aunque esto también sería matizable y es probable que sea un porcentaje mayor). Simplemente atendiendo a estos datos podemos sacar una conclusión muy simple: Hay un 99,71% de niños con Altas Capacidades que no han sido identificados aún. Por lo pronto, parece que la cosa no pinta muy bien. 

Nosotros en nuestro gabinete, nos hemos especializado en los últimos años en la identificación y apoyo de las personas con Altas Capacidades, ya que somos totalmente conscientes de las dificultades ante las que se encuentran diariamente. Porque esto es así, las personas con Altas Capacidades también tienen problemas, sufren, no se adaptan, etc. Porque ante todo son seres humanos y porque tienen un funcionamiento cerebral diferente al del las personas sin Altas Capacidades. Pues bien, tras años de estudio y experiencia de trabajo en este campo, hoy en día identificamos a múltiples niños y adultos con Altas Capacidades, que en la mayoría de los casos vienen aquejados de otro tipo de problemas.

Las personas con AACC tienen características específicas que se pueden confundir con diferentes trastornos si no se identifican previamente dichas capacidades. En otros casos también se da la circunstancia de que algunas de estas personas sufren una condición que se llama Doble Excepcionalidad. La Doble Excepcionalidad ocurre cuando una persona tiene dos condiciones, en principio contrarias, conviviendo entre sí, por un lado las altas capacidades y por otro un déficit en algún ámbito, como puede ser un TDAH, Dificultades de aprendizaje, TEA, etc. También puede ocurrir que la persona diagnosticada con alta capacidad, tenga un desarrollo asíncrono, produciendo éste un déficit a nivel emocional, social, psicomotor, etc.

En muchos de los casos esta Doble Excepcionalidad o Disincronía enmascara la identificación de las Altas Capacidades, y, en la mayoría de los casos se les identifica únicamente por sus dificultades y se obvian las Altas Capacidades.

En nuestro centro, como sabemos tanto sus características específicas, como la posibilidad de la existencia de la Doble Excepcionalidad o disincronía, tenemos las claves para realizar los correctos diagnósticos diferenciales e identificar, en la mayoría de los casos, si se trata de un caso de Altas Capacidades o no y si se da o no la llamada Doble Excepcionalidad o la Disincronía o cualquier otra condición que dificulte la identificación del potencial.

Pues bien, ahora viene otro problema con el que se encuentran las personas con AACC y sus familias: la no aceptación de informes privados por cualquier entidad que sea pública. Las familias acuden a un centro privado, se les hace un informe psicopedagógico con competencias sanitarias como exige la Ley y lo presentan en el colegio de su hijo. Y aquí entra en juego el orientador de dicho colegio. De mano, para un sector de la comunidad educativa un informe privado no tiene ningún tipo de validez, así que la familia se queda a la suerte del orientador que le toque. En algunos casos, aunque no puede tomar como válido el informe (ya que en nuestra comunidad la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía no lo permite), al menos lo revisa y decide poner en marcha el mecanismo de evaluación en el propio centro para conseguir el informe del Equipo de Orientación que sí tiene validez. En otros casos, y por desgracia en muchos, directamente lo niegan y no hacen nada.

Personalmente no entiendo esta tendencia a negar la validez de un informe hecho por profesionales cualificados y especializados únicamente alegando que viene de un centro privado. Y por supuesto, más aún nos indignan los casos en los que se insinúa de manera poco sutil que los centros privados podemos vender diagnósticos a la carta, lo cual es ilegal y denunciable. En España hay muchísimos profesionales que se han formado durante años, que han trabajado dando lo mejor de sí mismos, que tienen integridad y se deben a sus pacientes y que jamás se jugarían ni su puesto de trabajo ni su titulación por 4 duros.

Además, y para todo aquel que no lo sepa, en 2006 el Ministerio de Educación en aplicación de la Ley 44/2003 y según lo establecido en la LOE indicó que “En el diagnóstico de las Altas Capacidades deben intervenir profesionales con competencias sanitarias, no solo educativas” http://confederacionceas.altascapacidades.es/elmundo.pdf.

Es decir, que, si bien la Junta se rige por informes realizados por profesionales educativos, la ley a su vez está diciendo que dichas competencias no son suficientes para realizar el correcto diagnóstico.

Hoy en día se sabe que el aprendizaje está mediatizado por la emoción, es decir, que sin emoción no hay aprendizaje o que con una emoción desbordada tampoco se da el aprendizaje adecuado. Por tanto si un niño está pasando por un mal momento en el que sus emociones no están estables, no podrá desarrollar todo el potencial que seguramente tiene y podrá ser diagnosticado erróneamente de diversos trastornos y sus potencialidades pasarán desapercibidas (ocultas por su emoción). Pero estar, están ahí.

Tenemos que tener en cuenta que el cerebro está en desarrollo. Así un niño puede tener un determinado potencial (precocidad intelectual), pero vivir en un ambiente carente de la estimulación adecuada. En este caso puede que, al no darse las condiciones necesarias, este niño no desarrolle todo su potencial y por tanto no desarrolle sus altas capacidades.

De ahí la importancia de un diagnóstico o identificación precoz. Cuanto antes se identifiquen las AACC, antes se le podrán hacer las adaptaciones necesarias.

En resumidas cuentas, creo que todos los profesionales que nos dedicamos al trabajo con niños, independientemente de si lo hacemos en el ámbito privado o en el público, deberíamos de unir nuestras fuerzas para identificar a ese 99,71% de niños con AACC que están sin identificar. De lo contrario tendremos, no solo mucho talento desperdiciado (que ya es importante), sino muchos adultos infelices, que no entenderán mucho de lo que les pasa.

Afortunadamente nosotros trabajamos con muchos colegios e instituciones que van en nuestra misma línea y que hacen todo lo posible por identificar y ayudar a estos niños, pero desgraciadamente no son el 100%. Creo que no deberíamos de conformarnos con menos porque un solo niño mal identificado seguramente será un niño que sufra y esto se puede evitar haciendo bien las cosas.

Conductas agresivas en la etapa infantil: causas y tratamiento

Conductas agresivas en la etapa infantil: causas y tratamiento

La conducta agresiva infantil es una de las mayores problemáticas a la que se enfrentan padres y profesores hoy día. En consulta, a menudo observamos niños que muestran comportamientos agresivos, que actúan manipulando a las personas de su entorno o que desafían a las figuras de autoridad con una marcada rebeldía.

Son muchos los padres que acuden a nosotros con la misma demanda: ¿¡Qué podemos hacer para parar esto!? Y es que las rabietas y pataletas dejan de ser las propias que se pueden dar de manera acorde al desarrollo del niño, para acabar convirtiéndose en conductas completamente inadaptadas que, en muchas ocasiones, sobrepasan a los progenitores y el hogar acaba convirtiéndose en un lugar hostil para toda la familia.

Un pronóstico adecuado y a tiempo mejora e incluso elimina una conducta anómala que puede llegar a predecir otras patologías psicológicas en la edad adulta. Un comportamiento infantil excesivamente agresivo puede derivar, si no se trata de forma adecuada, en fracaso escolar y conductas con rasgos antisociales en la adolescencia y la edad adulta, ya que principalmente son niños con dificultades para relacionarse y adaptarse a su propio entorno.

¿Qué es la agresividad infantil?

La agresividad es un daño provocado a una persona, animal u objeto. La conducta es intencionada y puede originar un daño físico o psicológico. Los niños suelen manifestar la agresividad de forma directa (insultos, palabrotas, patadas…); aunque también encontramos otras formas de manifestación más indirectas, en las que el niño ocasiona daños a objetos de la persona que percibe como fuente de conflicto, así como una agresividad que se expresa de manera “contenida”, mediante gestos, movimientos y expresiones faciales de frustración.

Normalmente, cuando un niño manifiesta una conducta agresiva es a modo de respuesta ante algo que percibe como aversivo o conflictivo. Dichos conflictos suelen ser resultado de:

  • Problemas de relación con otros niños, que ocurren porque el niño no ve satisfechos sus deseos.
  • Problemas con adultos, cuando no quieren cumplir las órdenes o límites impuestos.
  • Castigos o consecuencias negativas fijados por no haberse comportado adecuadamente.

Cualquiera de estos comportamientos generan en el niño sentimientos de frustración, la cual, mal gestionada, facilitará la reacción inadaptada. Dicha forma de reaccionar va a depender de su aprendizaje y experiencia previa. Los niños aprenden fácilmente a comportarse de forma agresiva porque imitan a figuras de referencia (padres, amigos, compañeros, etc.). Este proceso se conoce como modelamiento. Padres que emplean la violencia física o verbal, se convierten para sus hijos en modelos de conductas agresivas; de esta forma, los niños interiorizan un repertorio conductual caracterizado por la tendencia a responder de forma agresiva ante situaciones conflictivas.

En este proceso de modelamiento los niños no sólo reciben información de patrones de conducta agresiva, sino que también aprenden las consecuencias que dichas conductas pueden acarrear. Si las consecuencias son agradables, porque el niño consigue lo que quiere, la conducta tendrá una mayor probabilidad de ocurrir en el futuro. Por ejemplo; si un niño grita y patalea porque los padres apuntan que es la hora de apagar la televisión y éstos acaban cediendo a la demanda del menor con el fin de eliminar ese comportamiento y que se tranquilice, lo que estaremos enseñando al niño es a gritar y patalear para conseguir aquello que quiere.

Factores de riesgo en la conducta agresiva

Uno de los entornos que más influencia tiene sobre la aparición de la conducta agresiva en niños es el familiar. Dentro del contexto familiar, además de los modelos y refuerzos existentes, va a ser de crucial importancia el estilo educativo y el tipo de disciplina que los padres ejerzan en el hogar. Se ha demostrado que tanto padres poco implicados, como aquellos con actitudes hostiles que constantemente desaprueban al hijo, fomentan el comportamiento agresivo en el menor.

Otro factor familiar muy influyente hace referencia a la incongruencia manifestada por parte de los progenitores. Dicha incongruencia puede expresarse de distintas formas:

  • Castigando la conducta inadaptada del niño con su propia agresividad.
  • Cuando una misma conducta es, a veces castigada y, otras veces ignorada.
  • Cuando no hay acuerdo entre los progenitores antes las reacciones del niño, por lo que se le lanzan mensajes contradictorios y muy confusos que no hacen más que intensificar la sensación de descontrol.
  • Relaciones deterioradas y teñidas de conductas agresivas entre los padres.

Cabe mencionar también que otros factores que pueden influir en la agresividad infantil, son aquellos de naturaleza orgánica (malnutrición, alteraciones hormonales, mecanismos cerebrales alterados y otros problemas de salud específicos) así como un déficit en habilidades sociales y una baja inteligencia emocional.

En el tratamiento de la conducta agresiva del niño es esencial implicar también a los padres y a aquellos adultos que forman parte del entorno más cercano del niño, ya que debemos incidir en dicho ambiente para llevar a cabo la modificación de conducta. Aunque el principal objetivo es reducir o eliminar la conducta agresiva en aquellos ambientes y situaciones en las que se produzca, es necesario que para esto el niño aprenda conductas alternativas a la agresión.

En Clínica Esfera el tratamiento perseguirá siempre dos objetivos: por un lado, la eliminación de la conducta agresiva y, por otro, la adquisición del aprendizaje de la conducta asertiva. Son diversos los procedimientos y técnicas que empleamos; su utilización dependerá de los resultados de la evaluación realizada así de como cada caso concreto, ya que desde nuestro gabinete, la asistencia personalizada siempre es un plus.

Para cualquier información, no dudes en contactar con nosotros.

Dificultad para identificar la DOBLE EXCEPCIONALIDAD

Dificultad para identificar la DOBLE EXCEPCIONALIDAD

La doble excepcionalidad es algo que ocurre con más frecuencia de lo que mucha gente piensa. Consiste en tener una alta capacidad y, a la vez, otro tipo de neurodivergencia o trastorno que pueda limitar a la persona, como un TDAH, una dislexia, discalculia, TOC, TEA, etc.

Cuando ambas características confluyen en una persona se produce un fenómeno de compensación entre ambas condiciones que hacen que sea más difícil su identificación y evaluación. A nivel observacional hay características que a quien observa le pueden recordar a una alta capacidad, pero que al ver otras que indican déficits, si no se tiene mucha experiencia, le pueden hacer pensar que no es una alta capacidad. Y éste mismo observador también puede ver que esa persona presenta comportamientos típicos de un TDAH por ejemplo, pero no es tan “movido” como otros o no se dispersa tanto y puede pensar que no tiene TDAH cuando lo que está ocurriendo es una compensación entre ambas condiciones.

A nivel cuantitativo, también ocurre algo parecido, aunque ya nos hayamos puesto manos a la obra con una evaluación neuropsicológica, ya que estamos acostumbrados a utilizar las medias como forma de saber si algo se escapa de la “normalidad” (entendiendo esta palabra desde el punto de vista estadístico).

El problema es que cuando hablamos de Alta capacidad intelectual, nos vamos a encontrar con perfiles que suelen estar por encima de la media en diferentes medidas. Hay personas que tienen un perfil de sobredotación donde vamos a encontrar puntuaciones por encima del Centil 75 en todas las áreas, pero habrá otras personas que tengan un perfil más propio de talentos donde sus puntuaciones pueden destacar mucho en algunas áreas pero no en otras.

Los superdotados tienden a tener perfiles bastante homogéneos y como he dicho antes, en niveles elevados, mientras que en los talentos encontraremos perfiles con altibajos.

Dentro de éste último grupo, a veces se encuentran las dobles excepcionalidades, ya que las limitaciones que conllevan esas otras neurodivergencias hacen que las puntuaciones en esas áreas donde hay dificultades, sean más bajas y no alcancen el Centil 75. Sin embargo, en muchas ocasiones, aunque las puntuaciones no lleguen a ese centil, se encuentran dentro de las medias.

Por este motivo, nos encontramos que muchos orientadores, evaluadores y profesionales de la salud, descartan una, varias o incluso todas las neurodivergencias de algunas personas, alegando que o bien sus puntuaciones no llegan al punto necesario para ser una alta capacidad o que la memoria de trabajo (por ejemplo) está dentro de la media cuando su perfil está claramente por encima en el resto de las funciones cognitivas. En estos casos, la persona, en el mejor de los casos se va con un diagnóstico sólo, o en el peor le dicen que todo está dentro de la media y que no “tiene” nada.

Para nosotros y para las familias con las que trabajamos, es muy duro cuando esto ocurre y no se reconocen los perfiles específicos de algunos niños ya que esto les impide acceder a los recursos necesarios para que su desarrollo se de en condiciones óptimas.

A un niño con una doble excepcionalidad no reconocida, se le puede negar el derecho a un programa de refuerzo para aquellas funciones cognitivas que tiene por debajo de su perfil y por tanto tener que hacer un esfuerzo extra que no tienen que hacer sus compañeros de clase normotípicos o incluso sus compañeros de clase con su mismo trastorno sin una alta capacidad acompañante. Y eso, al final, lo que hace es que un alumno que podría alcanzar un alto potencial se quede dentro de la media y no se desarrolle todo lo que podría. E incluso, como vemos constantemente, empiece a desarrollar alteraciones emocionales derivadas de una falta de comprensión de su funcionamiento, que podrían evitarse con una adecuada identificación.

Por todo esto es importante la actualización constante de los profesionales que estamos implicados en la salud mental o en el trabajo con población infanto – juvenil. Son personas vulnerables que dependen de nuestro buen hacer.

¿Es necesario evaluar las altas capacidades?

¿Es necesario evaluar las altas capacidades?

Seguramente la respuesta a esta pregunta sea muy diferente según a quien se la hagamos. Y esto se debe principalmente al desconocimiento que aún hay de éste área y a la cantidad de mitos que la rodean. Si le preguntamos a quienes creen que tener altas capacidades es algo así como ser un genio en absolutamente todo lo que haces, seguramente responderán que no es necesario porque o bien ya está claro que las tienen o bien no hay necesidad porque al ser tan “listos” no necesitan nada. Pero nada más lejos de la realidad.

En Clínica Esfera llevamos ya muchos años trabajando en este campo, lo cual hace que sepamos identificarlas incluso en personas que acuden a nuestro centro por otros motivos. De hecho a muchos les sorprende que les preguntemos si nunca les han hablado de la posibilidad de que ellos o sus hijos pudieran tener altas capacidades. Y la pregunta que siempre nos hacen es ¿Pero es necesario evaluarlo? Y ¿Para qué le puede servir? Así que vamos a intentar dar respuesta a estas inquietudes.

En primer lugar hay que desterrar el mito de que una persona con alta capacidad es una especie de genio. Esto no siempre es así y, de hecho, normalmente no lo es. Tener una alta capacidad es tener una facilidad para el procesamiento de la información de una o más áreas. Pero esto es solo una potencialidad, es decir, una posibilidad. Para que esa potencialidad se convierta en un talento hay que estimularla.

Así, en primer lugar, debemos de identificar esas potencialidades, porque si no sabemos que existen no podremos estimularlas y como dice Javier Touron, “el talento que no se cultiva se pierde”.

Por otro lado, muchos de los niños de altas capacidades, van aprendiendo determinados conceptos de una forma más prematura que sus coetáneos y eso implica que cuando los profesores están explicando algo al resto de los alumnos, ellos desconectan porque se aburren ya que dichos conocimientos ya los tienen adquiridos. Ese aburrimiento se va convirtiendo en desmotivación y muchos llegan a tener fracaso escolar, no por falta de capacidad, sino por desidia. De nuevo, talento que se desperdicia por no haber identificado las necesidades de estos alumnos a tiempo.

Sin embargo, no todo tiene que ver con el ámbito académico. Las personas con altas capacidades suelen tener lo que se llama hipersensibilidad, es decir, un registro y procesamiento de los estímulos a mayor velocidad que el resto. Así encontramos personas que no soportan los ruidos fuertes, las luces intensas, determinadas texturas y por tanto determinados alimentos, que no soportan tocar algunos materiales y les dan una “dentera” exagerada a los ojos de los demás, etc. Es importante que sepamos que no son exageraciones de esas personas sino que la intensidad con la que sienten eso es demasiado elevada y necesitan evitar esa estimulación. De este modo nos ahorraremos etiquetas innecesarias o incluso forzar a los niños a experimentar dichas sensaciones creyendo que son “tonterías”.

Y esto mismo ocurre también a nivel emocional y moral. Sienten las emociones de forma intensa y a menudo les es complicado regularlas de forma adecuada. Y ven la injusticia con más claridad que sus compañeros, familiares y amigos y sufren cuando ocurre y no pueden hacer nada.

En definitiva, y contrariamente a lo que se podría pensar cuando realmente no se conocen las altas capacidades, no es algo cargado de facilidades sino que es una condición más compleja que conlleva, en muchos casos, fracaso escolar, dificultades de relación con los demás, inseguridad y baja autoestima, ansiedad y problemas de regulación emocional e incluso crisis existenciales en la adultez.

¿Aún crees que no tiene sentido saber si tú o tus hijos tenéis altas capacidades?

Usamos cookies para brindarle la mejor experiencia en línea. Al aceptar, acepta el uso de cookies de acuerdo con nuestra política de cookies.

Close Popup
Privacy Settings saved!
Configuracion de Privacidad

Cuando visita cualquier sitio web, este puede almacenar o recuperar información en su navegador, principalmente en forma de cookies. Controle sus Servicios de Cookies personales aquí.

These cookies are necessary for the website to function and cannot be switched off in our systems.

Technical Cookies
In order to use this website we use the following technically required cookies
  • wordpress_test_cookie
  • wordpress_logged_in_
  • wordpress_sec

Rechazar todos los servicios
Guardar
Acepto todos los servicios
Open Privacy settings