Seguramente la respuesta a esta pregunta sea muy diferente según a quien se la hagamos. Y esto se debe principalmente al desconocimiento que aún hay de éste área y a la cantidad de mitos que la rodean. Si le preguntamos a quienes creen que tener altas capacidades es algo así como ser un genio en absolutamente todo lo que haces, seguramente responderán que no es necesario porque o bien ya está claro que las tienen o bien no hay necesidad porque al ser tan “listos” no necesitan nada. Pero nada más lejos de la realidad.
En Clínica Esfera llevamos ya muchos años trabajando en este campo, lo cual hace que sepamos identificarlas incluso en personas que acuden a nuestro centro por otros motivos. De hecho a muchos les sorprende que les preguntemos si nunca les han hablado de la posibilidad de que ellos o sus hijos pudieran tener altas capacidades. Y la pregunta que siempre nos hacen es ¿Pero es necesario evaluarlo? Y ¿Para qué le puede servir? Así que vamos a intentar dar respuesta a estas inquietudes.
En primer lugar hay que desterrar el mito de que una persona con alta capacidad es una especie de genio. Esto no siempre es así y, de hecho, normalmente no lo es. Tener una alta capacidad es tener una facilidad para el procesamiento de la información de una o más áreas. Pero esto es solo una potencialidad, es decir, una posibilidad. Para que esa potencialidad se convierta en un talento hay que estimularla.
Así, en primer lugar, debemos de identificar esas potencialidades, porque si no sabemos que existen no podremos estimularlas y como dice Javier Touron, “el talento que no se cultiva se pierde”.
Por otro lado, muchos de los niños de altas capacidades, van aprendiendo determinados conceptos de una forma más prematura que sus coetáneos y eso implica que cuando los profesores están explicando algo al resto de los alumnos, ellos desconectan porque se aburren ya que dichos conocimientos ya los tienen adquiridos. Ese aburrimiento se va convirtiendo en desmotivación y muchos llegan a tener fracaso escolar, no por falta de capacidad, sino por desidia. De nuevo, talento que se desperdicia por no haber identificado las necesidades de estos alumnos a tiempo.
Sin embargo, no todo tiene que ver con el ámbito académico. Las personas con altas capacidades suelen tener lo que se llama hipersensibilidad, es decir, un registro y procesamiento de los estímulos a mayor velocidad que el resto. Así encontramos personas que no soportan los ruidos fuertes, las luces intensas, determinadas texturas y por tanto determinados alimentos, que no soportan tocar algunos materiales y les dan una “dentera” exagerada a los ojos de los demás, etc. Es importante que sepamos que no son exageraciones de esas personas sino que la intensidad con la que sienten eso es demasiado elevada y necesitan evitar esa estimulación. De este modo nos ahorraremos etiquetas innecesarias o incluso forzar a los niños a experimentar dichas sensaciones creyendo que son “tonterías”.
Y esto mismo ocurre también a nivel emocional y moral. Sienten las emociones de forma intensa y a menudo les es complicado regularlas de forma adecuada. Y ven la injusticia con más claridad que sus compañeros, familiares y amigos y sufren cuando ocurre y no pueden hacer nada.
En definitiva, y contrariamente a lo que se podría pensar cuando realmente no se conocen las altas capacidades, no es algo cargado de facilidades sino que es una condición más compleja que conlleva, en muchos casos, fracaso escolar, dificultades de relación con los demás, inseguridad y baja autoestima, ansiedad y problemas de regulación emocional e incluso crisis existenciales en la adultez.
¿Aún crees que no tiene sentido saber si tú o tus hijos tenéis altas capacidades?